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2 ene 2012

OBRAS





Término usado en las Escrituras por lo menos en tres diferentes sentidos: las obras de Dios, las de Jesucristo y las del hombre.

1. En el Antiguo Testamento la frase «las obras de Dios» denota a) las cosas que Él hizo o creó (• Creación, Gn 2.2; Sal 8.3, 6; 19.1; 139.14), y b) los hechos maravillosos que realizó (Jos 24.31; Jue 2.7; Sal 46.8; 66.3; 77.11). Estas obras revelan la persona de • Dios: su poder, grandeza, maravillas, sabiduría y bondad. Tenemos el llamado, pues, a recordar sus obras, a meditar en ellas (Sal 77.11, 12; 143.5) y a estar agradecidos por ellas (Sal 105.21, 22).

2. Por sus obras Jesucristo se reveló y comprobó que era el Mesías y el • Hijo de Dios (Mt 11.2–5; Jn 5.36; 10.25). Al vincular sus obras con las del Padre e identificarse así con Él, lo acusaron de blasfemia (Jn 5.17–23). Sus obras pueden producir fe en Él (Jn 10.38; 14.10, 11; 20.30, 31).

3. Las obras del hombre no son capaces de salvarlo, puesto que es Dios el que otorga la salvación, no como recompensa, sino por pura gracia (Ro 41–5; Ef 2.8, 9; Tit 3.5). Sin embargo, las buenas obras son el resultado normal de la redención como lo es el fruto en un árbol. Revelan la actividad divina en el hombre regenerado (Mt 5.16; 7.16–20; Jn 14.12; Gl 5.22, 23; Stg 2.18; 1 P 2.12). Dios ordena que el creyente se ocupe en las buenas obras (Ef 2.10; Tit 3.14; Heb 10.24).

Por otro lado, el hombre incrédulo revela su condición depravada mediante sus malas obras (Jn 3.19; Gl 5.19–21; Ef 5.11).

26 jun 2011

ADORAR, ADORADOR

shajah, «adorar, postrarse, bajarse, inclinarse». Esta palabra se encuentra en el hebreo moderno con el sentido de «inclinarse o agacharse», pero no en el sentido general de «adorar». El hecho de encontrarse más de 170 veces en el Antiguo Testamento demuestra un poco de su significado cultural. Lo encontramos por primera vez en Gn 18.2 en donde Abraham «se postró en tierra» delante de los tres mensajeros que le anunciaron que Sara tendría un hijo.

El acto de inclinarse en homenaje o reconocimiento de autoridad y sumisión se hace generalmente delante de un superior o un gobernante. Por eso David se «inclinó» ante Saúl (1 S 24.8). A veces alguien se inclina ante uno que es social o económicamente superior, como cuando Rut se «inclinó» delante de Booz (Rt 2.10).

José vio en un sueño que las gavillas de sus hermanos se «inclinaban» ante su gavilla (Gn 37.7–10). Shajah es el término que comúnmente se usa para llegar ante Dios en adoración (como en 1 S 15.25 y Jer 7.2). A veces se usa otro verbo que significa inclinarse físicamente, seguido por «adorar», como en Éx 34.8: «Y entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró». Otros dioses e ídolos también son objetos de adoración, postrándose delante de ellos (Is 2.20; 44.15, 17).

ADORAR, ADORADOR

A. VERBOS
1. eusebeo, actuar piadosamente hacia. Se traduce «adoráis» en Hch 17.23. Véase PIADOSO (ser).

2. proskuneo, hacer reverencia, dar obediencia a (de pros, hacia, y kuneo, besar). Es la palabra que con más frecuencia se traduce adorar. Se usa de un acto de homenaje o de reverencia: (a) a Dios (p.ej., Mt 4.10; Jn 4.21-24; 1 Co 14.25; Ap 4.10; 5.14; 7.11; 11.16; 19.10(b) y 22.9); (b) a Cristo (p.ej., Mt 2.2,8,11; 8.2; 9.18; 14.33; 15.25; 20.20; 28.9,17; Jn 9.38; Heb 1.6, en una cita de la lxx de Dt 32.43, refiriéndose a la Segunda Venida de Cristo); (c) a un hombre (Mt 18.26); (d) al dragón, por parte de los hombres (Ap 13.4); (e) a la bestia, su instrumento humano (Ap 13.15; 14.11; 16.12); (g) a demonios (Ap 9.20); (h) a ídolos (Hch 7.43).

Nota: En cuanto a Mt 18.26, se menciona de la siguiente manera en la «Lista de lecturas y de traducciones preferidas por el Comité Estadounidense» (véase la Versión Revisada Inglesa, Classes of Passages, IV): «a la palabra ‹adorar›» en Mt 2.2, etc., añadir la nota marginal ‹la palabra griega denota un acto de reverencia, tanto si se hace al hombre (véase cap. 18.26) o a Dios (véase cap. 4.10)›». La nota de Jn 9.38 en la Versión Standard Estadounidense (ASV) en relación con esto es de lo más falso, implicando que Cristo era una criatura. J. N. Darby traduce este verbo en su New Translation como «hacer homenaje» [véase el Prefacio Revisado a la Segunda Edición (1871) de su versión]. Véanse también ARRODILLAR(se), POSTRAR(se), REVERENCIA (hacer), SUPLICAR.

3. sebo, reverenciar, acentuando el sentimiento de maravilla o de devoción. Se usa de adorar: (a) a Dios (Mt 15.9; Mc 7.7; Hch 16.14; 18.7,13); (b) a una diosa (Hch 19.27). Véanse HONRAR, PIADOSO (ser), TEMEROSO (ser), VENERAR.

4. sebazomai, similar al Nº 3, honrar religiosamente. Se usa en Ro 1.25 (rvr), «honrando» (rvr77) y «adorando» (vm). Véase HONRAR.¶

5. latreuo, servicio, dar servicio u homenaje religioso. Se traduce como adorar en Flp 3.3 en la vm. Véase SERVIR.

Nota: La adoración a Dios no se define en ningún pasaje de las Escrituras. Una consideración de los verbos anteriores muestra que no queda limitada a la alabanza; ampliamente puede considerarse como el reconocimiento directo de Dios, de su naturaleza, atributos, caminos, y demandas, ya bien por el derramamiento del corazón en alabanza y acción de gracias, o bien mediante actos ejecutados en el curso de tal reconocimiento.

B. NOMBRE
proskunetes, similar a A, Nº 2, aparece en Jn 4.23.¶

11 jun 2010

BASTA DE MURMURACIONES!!

Números 12:1-16; Josué 6:18 ; 7:1; II Samuel 12; Salmos 51:10-11

Introducción

¿Cuantos aquí quieren hacer que la presencia de Dios se aparte de su su Iglesia por su culpa? Cuantos aquí quieren que su Iglesia se estanque por su culpa? Esto es exactamente lo que le paso al pueblo de Israel, cuando Maria y Aarón pecaron contra Moisés.

Hay veces que nosotros pensamos que cuando murmuramos en contra de algún hermano que no hay consecuencias, y si bien es cierto que la salvación es individual, esto no es necesariamente cierto para el pecado, hay ocasiones en las que el pecado de una persona acarreara consecuencias para todo el pueblo.

Precisamente de esto es de lo que hoy vamos a hablar.

"Maria y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; Porque él había tomado mujer cusita. Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová" Números 12:1-2

Primero quiero decir que el pecado no tiene tamaño, ni color, ni estatura, en este caso fue la Murmuración.La Biblia dice: "De la abundancia del corazón habla la boca" (Lucas 6:45) Muchas veces no pensamos en las consecuencias que acarrea el murmurar.

En esta historia sucedieron 4 cosa sobresalientes :

Se aparto Jehová del tabernáculo 12:9

Vino juicio a Maria 12:10

La oración no fue contestada 12:14

El pueblo se estanco, por siete días, mientras que Maria regresaba de cumplir su castigo 12:15

Otro caso muy parecido es el de ACAN.

EL MANDATO DE DIOS PARA EL PUEBLO

"Pero vosotros guardaos, del anatema, ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que haga anatema el campamento de Israel, y lo turbéis". Josué 6:18

Cuantas veces nos ha hablado Dios, dándonos un mandato y nosotros no lo obedecemos. Aquí también decimos lo mismo que antes, el pecado no tiene tamaño, ni color, ni estatura. En esta ocasión fue la desobediencia.

Si yo le pregunto a usted,¿ alguna vez usted a desobedecido a Dios?. (Si su respuesta es si) ¿ Cual fue la consecuencia?

LA CONSECUENCIA

"Pero los hijos de Israel cometieron una prevaricación en cuanto al anatema, porque Acan hijo de Carmi, hijo de Zabdi,hijo de Zera, de la tribu de Juda, tomo del anatema, y la ira de Jehová se encendio contra los hijos de Israel". Josué 7:1

Note, como nombra a toda la descendencia de ACAN, ¿Sabe usted porque ? el verso 17-18 nos da la respuesta, porque el juicio hiba a caer sobre toda su descendencia.

Observe como dice el verso 1:

a) Pero los hijos de Israel cometieron una prevaricación, en cuanto al anatema.

Aquí se les hecho la culpa del pecado (la Desobediencia) a todo el pueblo de Israel, mas sin embargo el que peco fue Acan.

Observe como dice el verso 5:

b) Y los de Hai mataron de ellos (Israelitas) a unos treinta y seis hombres.

Aquí los primeros que recibieron las consecuencias del anatema fueron estos treinta y seis hombres, y no Acan.

Precisamente este es el punto que estamos tratando hoy, ¿CUANTO COSTARA TU PECADO A LA IGLESIA?

El pecado de Acan, le costo treinta y seis muertes.

"Y los de Hai mataron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron, y los derrotaron en la bajada, por lo cual el corazón del pueblo desfallecio y vino a ser como agua". Josué 7:5

EL PECADO OCULTO SIEMPRE SERA MANIFIESTO

HEBREOS 4:12

II Samuel 12 (El profeta Natan amonesta a David )

Salmos 51:10-11

19 mar 2010

"¿Qué dice la Biblia acerca de la guerra espiritual?"

Respuesta: Hay dos errores primarios cuando se habla de guerra espiritual: sobre-enfatizarla y subestimarla. Algunos culpan de cada pecado, cada conflicto y cada problema a los demonios que necesitan ser expulsados. Otros ignoran completamente la realidad espiritual, y el hecho de que la Biblia nos enseña que nuestras batallas son contra poderes espirituales. La clave para el éxito en la guerra espiritual es encontrar el balance bíblico. Algunas veces Jesús expulsó demonios de la gente, y algunas veces sanó a la gente sin mencionar lo demoníaco. El apóstol Pablo enseñó a los cristianos a librar batallas contra el pecado en ellos mismos (Romanos 6), y a librar batallas en contra del maligno (Efesios 6:10-18).

Efesios 6:10-12 declara, “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” Este pasaje nos enseña algunas verdades cruciales; (1) Solo podemos estar fuertes en el poder del Señor, (2) Es la armadura de Dios la que nos protege, (3) Nuestra batalla es contra fuerzas espirituales de maldad en el mundo.

(1) Un poderoso ejemplo de esto es el arcángel Miguel en Judas verso 9. Miguel, como el más poderoso de todos los ángeles de Dios, no reprendió a Satanás en su propio poder, sino que dijo “El Señor te reprenda.” Apocalipsis 12:7-8 dice que en el final de los tiempos, Miguel derrotará a Satanás. Aún así, cuando se presentó su conflicto con Satanás, Miguel reprendió a Satanás en el nombre y autoridad de Dios, no en la suya propia. Es solo a través de nuestra relación con Jesucristo que nosotros, como cristianos, tenemos alguna autoridad sobre Satanás y sus demonios. Es solo en Su nombre que nuestra reprensión tiene algún poder.

(2) Efesios 6:13-18 nos da una descripción de la armadura espiritual que Dios nos da. Debemos estar firmes con (a) el cinturón de la verdad, (b) la coraza de justicia (c) el Evangelio de la paz, (d) el escudo de la fe, (e) el yelmo de la salvación, (f) la espada del Espíritu, y (g) orando en el Espíritu. ¿Qué es lo que estas piezas de la armadura espiritual representan para nosotros en la guerra espiritual? Debemos hablar la verdad contra las mentira de Satanás. Debemos descansar en el hecho de que somos declarados justos por el sacrificio que Cristo hizo por nosotros. Debemos proclamar el Evangelio, sin importar cuánta resistencia recibamos. No debemos vacilar en nuestra fe, no importa cuán fuertemente seamos atacados. Nuestra defensa principal es la seguridad de que tenemos nuestra salvación, y el hecho de que las fuerzas espirituales no pueden quitárnosla. Nuestra arma ofensiva está en la Palabra de Dios, no en nuestras propias opiniones y sentimientos. Debemos seguir el ejemplo de Jesús en reconocer que algunas victorias espirituales solo son posibles a través de la oración.

Jesús es nuestro mejor ejemplo para la guerra espiritual. Observa cómo Jesús manejó los ataques directos de Satanás: “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a ÉL el tentador, y le dijo; Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está; No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.” (Mateo 4:1-11) La mejor manera de combatir a Satanás es la manera que Jesús nos mostró y que fue citando la Escritura, porque el diablo no puede manejar la espada del Espíritu, la Palabra del Dios Viviente.

El mejor ejemplo de cómo no comprometerse en una guerra espiritual fueron los siete hijos de Esceva. “Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo; - Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. Pero respondiendo el espíritu malo, dijo; -A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois? Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.” (Hechos 19:13-16). ¿Cuál fue el problema? Los siete hijos de Esceva estaban usando en Nombre de Jesús. Eso no es suficiente. Los siete hijos de Esceva no tenían una relación con Jesús, por lo tanto sus palabras eran carentes de cualquier poder o autoridad. Los siete hijos de Esceva se estaban basando en una metodología. Ellos no se basaban en Jesús, y no estaban empleando la Palabra de Dios en su guerra espiritual. Como consecuencia, recibieron una humillante golpiza. Aprendamos de su mal ejemplo y manejemos las batallas espirituales como lo describe la Biblia.

En resumen, ¿cuáles son las claves para el éxito en la guerra espiritual?. Primero, que nos apoyemos en el poder de Dios, no en el nuestro. Segundo, reprendamos en el Nombre de Jesús, no en el nuestro. Tercero, protegernos con toda la armadura de Dios. Cuarto, librar nuestras batallas con la espada del Espíritu – La Palabra de Dios. Por último, debemos recordar que aunque libramos batallas contra Satanás y sus demonios, no cada pecado o problema es un demonio que necesita ser reprendido. “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó” (Romanos 8:37).

fuente: gotquestions.org

8 dic 2009

LEVÍ, LEVITAS

Tercer hijo de Jacob y Lea y su descendencia. Nació en Padan-aram, lugar del destierro de Jacob cuando este huyó de su hermano Esaú (Gn 27.41ss). Junto con su hermano Simeón, Leví llevó a cabo la matanza a traición de los habitantes de Siquem, en venganza por la deshonra de su hermana, Dina. Esta había sido violada por Siquem, hijo de Hamor heveo (Gn 34). Por eso, en su profecía final Jacob censuró a estos dos hijos suyos y con dolor les negó la unidad tribal (Gn 49.5, 6). En cuanto a Leví este castigo se modificó más tarde por el celo de sus descendientes manifestado en la destrucción de tres mil de los idólatras culpables de la orgía alrededor del becerro de oro (Éx 32.25–29).

Los nombres de los tres hijos de Leví nacidos en Egipto corresponden con las divisiones principales de los levitas: Gersón, Coat y Merari (Gn 46.11; Éx 6.16ss; Nm 3.17ss; 1 Cr 6.16–48). Moisés y Aarón eran de la familia de Coat por parte de su padre, Amram. Su madre, Jocabed, también era de linaje levita (Éx 6.18ss).

Por herencia el sacerdocio pertenecía a la familia de Aarón. Los levitas representaban el tercer grado en la jerarquía eclesiástica compuesta también del sumo sacerdote y los sacerdotes. Ocuparon el lugar de los primogénitos de las otras tribus que por derecho pertenecían a Dios (cf. la muerte de los primogénitos egipcios en la lucha con Faraón antes del éxodo). En el censo había 22.273 primogénitos de los hijos de Israel y solo 22.000 levitas que iban a ser dedicados a Jehová en vez de aquellos. Para redimir a los 273 restantes fue necesario pagar cinco siclos por cada uno (Nm 3.9, 11–13, 40, 41; 8.16–18).

Como oficiales encargados del culto, los levitas cuidaban del santuario y ayudaban a los sacerdotes (Nm 1.50; 3.6, 8; 18.2; 1 Cr 23.28; Esd 3.8, 9). En el cuadro del campamento ideal de Israel los levitas levantaban sus tiendas alrededor del tabernáculo, eran los guardianes y lo conducían de lugar en lugar; cada una de las tres familias cargaba una parte (Nm 1.50; 2.1–3.39). Más tarde, al construirse el templo, se encargaban de cuidarlo y velar por las actividades que se llevaban a cabo en él. Ayudaban a los sacerdotes a preparar los sacrificios y a recaudar y distribuir las contribuciones del pueblo (2 Cr 30.16, 17; 35.1ss). Se hicieron cargo del canto y los instrumentos de música (2 Cr 30.22; Neh 8.7).

Servían en el santuario desde los 25 ó 30 años de edad hasta los 50 (Nm 4.3; 8.24, 25), aunque parece que David estableció la edad de 20 años como requisito para ingresar al servicio (1 Cr 23.24–27). Después de cumplir los 50 años el levita podía servir en la guardia, pero no para ministrar dentro del santuario (Nm 8.25).

Los levitas moraban en cuarenta y ocho ciudades, con sus ejidos, esparcidos entre las otras tribus (Lv 25.32ss; Nm 35.1–8; Jos 21.1–4). De estas ciudades, trece pertenecían a los sacerdotes y seis estaban designadas como ciudades de refugio (Nm 35.1–8; Jos 20 y 21). Se mantenían por las ofrendas del templo y los diezmos del grano, fruto y ganado (Nm 18.18–24). Ellos a su vez entregaban a los sacerdotes la décima parte de sus diezmos (Neh 10.37, 38), pues como no eran dueños de ninguna tierra estos diezmos se consideraban las primicias que debían ofrecer al Señor.

Como los sacerdotes, los levitas ministraban en el santuario por turnos según su orden (1 Cr 24.31; 28.13, 21; 2 Cr 8.14; Neh 13.30). Los ritos dedicatorios de purificación propiciaban su santidad simbólica (Nm 8.5–13). La Biblia no habla de una vestimenta especial para los levitas, pero según Josefo los cantores levíticos recibieron del rey Agripa II el privilegio de vestir túnicas sacerdotales de lino.
En el Nuevo Testamento hay referencias a los levitas en Lc 10.32; Jn 1.19 y Hch 4.36.

SELAH

Término hebreo que aparece en los Salmos (71 veces) y en Habacuc (3 veces) cuyo origen y significado son inciertos. Hay quienes derivan la palabra de cierta raíz aramea que denota el momento en que la congregación debía arrodillarse o postrarse. La versión griega de Aquila y la Vulgata la traducen con el sentido de «siempre», lo que implica una exclamación, como si fuera un amén, un aleluya o una bendición pronunciada por el sacerdote.

Solo parece haber una raíz hebrea con la cual selah puede relacionarse con relativa certeza, y esta tiene la connotación de «alzar» o «elevar». En consecuencia, algunos creen que era una señal litúrgica para elevar la voz, o alzar las manos en actitud de oración. Otros consideran que se trataba de una notación musical para que los instrumentos tocaran fuerte. Generalmente puede hallarse colocada al final de una estrofa o en la mitad.

La Septuaginta emplea el griego diápsalma, que parece significar «intervalo» o «interludio musical» para traducir Selah. Habría sido, entonces, una indicación aclaratoria relacionada con la ejecución de la música instrumental del templo. Probablemente comenzara a usarse en la época del cautiverio.

SENO DE ABRAHAM

Término figurado que Jesús emplea en la parábola de Lázaro y el rico (Lc 16.22) para referirse al lugar adonde van los justos al morir. Es un sitio que se contrasta con el • Hades, lugar donde se encontraba el rico injusto (Lc 16.23). El seno de Abraham es también sinónimo del • «Paraíso» que Jesús prometió al ladrón arrepentido (Lc 23.43; cf. • Seol).

En la parábola, Jesús describe un banquete en el paraíso a la usanza judía, donde los invitados se reclinaban ante la mesa y apoyaban el brazo izquierdo en almohadones. De esta manera, el que se hallaba a la derecha de otro, prácticamente estaba reclinado «en el • Seno» de este (cf Jn 13.23).

7 oct 2009

MAR ROJO

Traducción del nombre griego (erythrá thalassán) del mar que cruzaron los israelitas cuando huyeron de Egipto (Éx 15.4). Es el nombre usado en la LXX y en el texto griego del Nuevo Testamento (Hch 7.36; Heb 11.29). El nombre hebreo es yam suf que quiere decir «mar de juncos» o «mar de cañas». El último es el nombre usado en la BJ. El nombre hebreo se debe a la abundancia de juncos en el extremo norte del brazo occidental del mar, como también en el delta del Nilo (Éx 2.3, 5). El nombre griego es de origen incierto.

En su salida de Egipto los israelitas cruzaron el extremo norte del brazo occidental del mar Rojo, o sea, el golfo de Suez. La opinión más generalizada es que el suceso tuvo lugar en las cercanías de lo que ahora se llama «los lagos Amargos». Los argumentos aducidos para sostener esta opinión son: (1) la entrada al desierto de Sur, a donde llegaron los israelitas después de cruzar el mar, se encuentra precisamente por este lugar; (2) en esta región hay vientos recios como los descritos en el relato bíblico (Éx 14.21); (3) aquí abundan los juncos (suf) y estos son aludidos en el nombre hebreo dado al mar; (4) esta parte del mar limitaba con Gosén, donde habían vivido los israelitas; (5) si hubieran cruzado lo que comúnmente se llama el mar Rojo, no habrían tenido tiempo suficiente para hacer el recorrido que el texto registra. Esta explicación no disminuye el aspecto milagroso del acto divino a favor de Israel, ni tampoco quita la fuerza del juicio de Dios sobre los ejércitos de Faraón.

Hay indicaciones de que el término yam suf se refiere tanto al golfo de Aqaba como al de Suez. Dios ordenó que los israelitas fueran al desierto por el yam suf (Nm 14.25; Dt 1.40; 2.1); es decir, por la vía del golfo de Aqaba. Más tarde Israel fue por el camino de yam suf para «rodear la tierra de Edom» (Nm 21.4; Jue 11.16).

También se emplea yam suf para referirse al puerto de Ezión-geber en el golfo de Aqaba, donde • Salomón construyó y mantuvo su flota marítima con la colaboración de los fenicios (1 R 9.26; 10.22; 2 Cr 8.17). Los arqueólogos han descubierto en este lugar minas de cobre pertenecientes al período salomónico, con la refinería más grande hasta ahora descubierta en el Cercano Oriente.

2 oct 2009

DISCÍPULO

(alumno o aprendiz). Término usado para designar a los seguidores de Juan el Bautista (Mt 22.16), y sobre todo a los de Jesucristo (por ejemplo, Mt 10.24). El discípulo es más que un alumno que se sienta a escuchar; es un aprendiz que sigue a su • Maestro y aprende a su lado. A veces «discípulo» se refiere en especial a los • Apóstoles (Mt 10.1; 11.1), pero en otras ocasiones a los creyentes en general (Mt 10.42; Hch 6.1, 2, 7).

A. NOMBRES
1. mathetes, lit.: aprendiz (de manthano, aprender; de una raíz math¨, indicativa de pensamiento acompañado de esfuerzo), en contraste a didaskalos, maestro; de ahí, denota a uno que sigue la enseñanza de uno, como los discípulos de Juan (Mt 9.14); de los fariseos (Mt 22.16); de Moisés (Jn 9.28); se usa de los discípulos de Jesús: (a) en un sentido amplio, de los judíos que vinieron a ser partidarios suyos (Jn 6.66; Lc 6.17), algunos de ellos siéndolo en secreto (Jn 19.38); (b) de manera especial de los doce apóstoles (Mt 10.1; Lc 22.11, p.ej.); (c) de todos los que manifiestan que son sus discípulos permaneciendo en su Palabra (Jn 8.31; cf. 13.35; 15.8); (d) en Hch, de los que creían en Él y confesaban su nombre (Hch 6.1,2,7; 14.20,22,28; 15.10; 19.1, etc.).
Un discípulo no es meramente uno que aprende, sino un partidario; de ahí que se les mencione como imitadores de su maestro; cf. Jn 8.31; 15.8.
2. mathetria, discípula, en femenino. Se dice de Tabita (Hch 9.36).¶
Nota: para summathetes, véase CONDISCÍPULO.

B. VERBO
matheteuo, se usa en la voz activa, intransitivamente, en algunos mss., en Mt 27.57, en el sentido de ser el discípulo de alguien. Aquí, sin embargo, los mejores mss. tienen la voz pasiva, lit.: «había sido hecho discípulo», como en Mt 13.52: «todo escriba que ha sido hecho discípulo del reino de los cielos» (rvr77; rv y rvr: «docto»). Se usa en este sentido transitivo en la voz activa en 28.19 y en Hch 14.21.¶

22 sept 2009

MAESTRO

En el Antiguo Testamento el término maestro puede referirse a menudo a un artesano, experto en su especialidad (por ejemplo, Éx 36.4; 2 Cr 2.7), pero en el Nuevo Testamento es un título que por lo general indica uno que enseña, o sea, un instructor. En tiempos del poscautiverio las • Escuelas solían reunirse en las • Sinagogas, y los maestros eran frecuentemente • Escribas o «doctores de la Ley» (cf. Lc 2.42; Hch 5.34). Tanto los discípulos de • Jesucristo como sus enemigos casi siempre le llamaban «Maestro» o • «Rabí», que significa lo mismo (por ejemplo, Mt 12.38; Mc 5.35; etc.). De ahí se considera como maestro uno que sirva de guía, inclusive Pablo llama la • Ley el «ayo», o maestro, que conduce al conocimiento de Cristo (Gl 3.24).

15 sept 2009

ARCA DEL PACTO

(arca del Señor, arca de Dios o arca del testimonio). Caja rectangular, de madera de acacia, que medía 112, 5 cm de largo por 67, 5 de ancho y alto. Estaba cubierta de oro por dentro y por fuera, y tenía cuatro anillos colocados en los ángulos, por los cuales pasaban dos varas de madera de acacia (también cubiertas de oro) con que se transportaba. Sobre el arca había una tapa de oro que se llamaba el «propiciatorio», encima del cual dos querubines de oro se miraban frente a frente, de pie, con sus alas extendidas cubriendo el propiciatorio (Éx 25.10–22).

Dentro del arca se hallaban las dos tablas de la Ley (Éx 40.20; Dt 10.1–5), la vara de Aarón y una porción de maná (Heb 9.4, 5). El arca se colocó dentro del Lugar Santísimo tanto del tabernáculo como del templo de Salomón, tras el velo; era el único mueble allí.

Para el pueblo de Israel, el arca del pacto tenía un doble significado. En primer lugar se conceptuaba como trono de Dios (1 S 4.4; Is 6.1). De una manera especial Dios moraba entre los querubines y desde allí en varias ocasiones se reveló a Moisés (Éx 25.21, 22; 30.36) y a Aarón (Lv 16.2; Jos 7.6). Sirvió como símbolo de la presencia divina entre el pueblo de Israel (Lv 16.2). Por eso en la peregrinación el arca iba delante guiando a los israelitas; por ejemplo, cuando cruzaron el Jordán (Jos 3.11–17). Cuando rodearon los muros de Jericó se llevó en medio del pueblo (Jos 6.4–13).

El segundo significado residía en la relación entre la Ley que estaba dentro del arca y la sangre rociada sobre el propiciatorio que la cubría en el Día de Expiación (Lv 16). El punto culminante en este día era la entrada del sumo sacerdote en el Lugar Santísimo con la sangre del macho cabrío para rociar el propiciatorio. Era entonces cuando, en forma representativa, el pueblo entraba en la presencia de un Dios misericordioso y dispuesto a perdonar los pecados. El pueblo quedaba purificado para otro año (Lv 16.30) y el pacto seguía en vigencia.

Después de una larga trayectoria en el desierto, el arca descansó en Bet-el (Jue 20.27), durante la época de los jueces. Aparece en Silo en el tiempo del sumo sacerdote Elí (1 S 1.3; 3.3). Los israelitas creían que el arca tenía poderes mágicos. Por eso durante la guerra con los filisteos, la llevaron a la batalla, pensando que así se aseguraban la victoria (1 S 4.3–9). Sin embargo, perdieron la batalla y los filisteos llevaron el arca a Asdod. Como consecuencia de haberla puesto en sus templos, los filisteos padecieron siete meses de plagas (1 S 5), por lo cual colocaron el arca en un carro y la llevaron a Quiriat-jearim (1 S 6.1–7.2). Durante el reinado de David, este la guardó en una tienda en Jerusalén (2 S 6). Su hijo Salomón la puso en el nuevo templo (1 R 8). Después de la reforma de Josías, ya no se sabe más del arca (2 Cr 35.3). Probablemente la destruyeron o perdieron durante la devastación de Jerusalén (587 a.C.).

CRÓNICAS, LIBROS DE

En el canon hebreo, las Crónicas eran un solo libro llamado Dibré Jayyamín (hechos de los días). En la LXX se dividió en dos que se llamaron Paraleipomena (cosas omitidas) porque se creía que contenían historia que «omitieron» los otros libros históricos, lo cual explica que en algunas versiones catolicorromanas estos libros se llamen Paralipómenos.

CONTENIDO

En la primera parte se resume la historia sagrada desde Adán hasta Saúl. De ahí en adelante la narración va paralela con la de 2 Samuel y 2 Reyes, añadiendo algunos datos, pero omitiendo otros muchos sobre todo los relacionados con el reino del norte.

PROPóSITO Y POSICIóN EN EL CANON

El autor pone en relieve la dinastía davídica, el • Pacto eterno que Yahveh había hecho con David, el templo con su culto establecido por David, el papel de los • Levitas y la Ley. Los libros de Samuel y Reyes se escribieron desde el punto de vista profético, pero los de Crónicas desde el sacerdotal o levítico. Por tanto, estos tratan de asuntos eclesiásticos relativos a la construcción y la dedicación del templo, y a las ordenanzas del culto público. Hacen resaltar las épocas cuando la fe había sido la fuerza dominante entre el pueblo y sus líderes (por ejemplo, los reinos de Asa, Josafat, Ezequías y Josías) y había traído la prosperidad, y subrayan que el abandono de la fe verdadera redundaba en ruina y maldición. La insistencia en lo anterior era necesaria para la comunidad posterior al cautiverio a la que escribía el autor.

Son los últimos libros en el canon hebreo (2 Cr 24; cf. Mt 23.35). Dada la afinidad de estilo, vocabulario, procedimiento y teología entre Crónicas y • Esdras - Nehemías, algunos han creído que anteriormente formaban parte de una misma obra. Aunque no fuera así, es probable que los haya escrito un mismo autor o al menos cronistas de un mismo círculo. Interpretada así, la obra del cronista (y su círculo) presenta una visión panorámica de la historia de Israel (desde Adán hasta Nehemías) con su centro en la época normativa de David. La obra expresaba el anhelo de la comunidad del poscautiverio sobre el restablecimiento de la dinastía davídica en el reino del • aqui. (• aqui.)

AUTOR Y FECHA

La obra es anónima pero la tradición judía la atribuye a Esdras. Hay diversidad de opiniones respecto a la identidad del autor. La tradición judía, el ambiente de la época, la posición de Esdras como escriba, la biblioteca que según Josefo poseía Nehemías y la ausencia de pruebas de que se haya escrito en fecha posterior, ha hecho creer a algunos que el autor fue Esdras (458–398 a.C.). También se ha afirmado que no fue Esdras, sino otro que después se habrá valido de los escritos de él. Y hay quienes se inclinan por una fecha ca. 300 a.C., basándose en la oposición del cronista a la comunidad samaritana que empezó ca. 350 a.C.
Resumiendo, las Crónicas son un libro del poscautiverio cuyo autor quizás fue Esdras o, menos probable, un levita que en una época posterior se aprovechó de los escritos de Esdras.

El autor dice haber usado documentos como base de su obra. Mucho del material es paralelo al de Samuel y Reyes, pero no se sabe si el cronista cita estos libros o si ha usado las mismas fuentes. Menciona seis fuentes históricas (1 Crónicas 9; 1 Crónicas 27.24; 2 Crónicas 16.11; 2 Crónicas 24.7; 2 Crónicas 27.7; 2 Crónicas 33.18) que bien podrían ser diferentes nombres de una misma obra. También usa ocho fuentes proféticas (1 Crónicas 29.29; 2 Crónicas 9.29; 2 Crónicas 12.15; 2 Crónicas 13.22; 2 Crónicas 20.34; 2 Crónicas 26.22; 2 Crónicas 32.32; 2 Crónicas 33.19; 2 Crónicas 35.25).

MARCO HISTóRICO

Muchos críticos han dudado de la historicidad de Crónicas, arguyendo que contienen datos idealizados, exagerados e incluso inventados con fines apologéticos. Pero estudios recientes y nuevos descubrimientos arqueológicos tienden a confirmar los relatos de Crónicas. Aún quedan problemas difíciles de resolver, como ciertas discrepancias (especialmente numéricas) entre las narraciones de Crónicas y las de Samuel y Reyes, pero otros que parecían irresolubles hoy pueden explicarse como errores de transmisión o con la costumbre de usar ciertos números hiperbólicamente (por ejemplo, 2 Crónicas 14.9).

21 jul 2009

En Espiritu y En verdad...

No hay un DON ESPIRITUAL de alabanza o de adoración. Por supuesto, el pueblo de Dios ha sido llamado a alabar y adorar a Dios. Pero, no hay un ministerio así nombrado en la Biblia – Ministerio de Alabanza o Ministerio de Adoración. Juan 4:24 (RVR60)

Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

La adoración que Dios acepta es la adoración EN ESPÍRITU y EN VERDAD. ¿Qué significa esta frase? El verdadero cristiano debe adorar a Dios en ESPÍRITU (es decir, con su espíritu) y en VERDAD (según la verdad, revelada en la Biblia).

En otras palabras, la verdadera adoración es la que sale de lo más profundo del espíritu del hombre (el espíritu es la parte inmaterial del hombre con el cual él puede conocer y tener una relación personal con Dios), y que tiene una base en la revelación de Dios, la Biblia. Por lo tanto, LA VERDADERA ADORACION no es el “método” (los ritos usados, los cánticos, u otras cosas) ni la posición (parados, arrodillados o postrados) de la adoración, sino la condición espiritual del hombre al enfocarse en la persona de Dios.

Adorar significa enfocarse en el objeto de la adoración.

Adoramos a Dios cuando de un corazón puro y recto nos enfocamos en la Persona de Dios, reconociendo Su grandeza y Su majestad. Puedo estar cantando, pero no es necesario hacerlo; puedo levantar las manos pero no es necesario hacerlo. Estoy adorando a Dios cuando mi espíritu está concentrado en la Persona de Dios, y estoy totalmente ocupado de Él.

No es gritar o mantenerme en silencio; no es saltar o mantenerme quieto. Es enfocarme en Dios, y dirigir mi espíritu a Él. LA VERDADERA ADORACION requiere también un conocimiento de lo que dice Dios en Su Palabra respecto a la adoración. Es decir, mi adoración a Dios tiene que ser SEGÚN LAS ENSENANZAS DE LA PALABRA DE DIOS. Por ejemplo, hay religiones que adoran o se inclinan delante de imágenes. Según ellos, es la adoración de Dios. Sin embargo, la Biblia condena esta práctica en los Diez Mandamientos. Éxodo 20:4-5 (RVR60)

No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, Por lo tanto, cualquier clase de “adoración” que incluye la adoración o veneración de imágenes o de otras personas es prohibida por Dios, y por lo tanto, no es una adoración aceptable al Señor.

En ciertas denominaciones evangélicas, la gente danza, y salta, y se tira al suelo. En algunas de estas iglesias (aunque parece increíble), hay personas que “se ríen en el Espíritu” o “ladran en el Espíritu”, y muchas cosas más. Hay grupos que usan y manejan serpientes en sus cultos. El problema de estas cosas es que no hay ninguna base bíblica para estas prácticas.

Son cosas que la gente hace, pero sin un solo ejemplo bíblico. En mi opinión, esto es adorar NO SEGÚN LA VERDAD. Son ideas o invenciones de hombres, y no forman parte de la verdadera adoración a Dios. No estoy contra la emoción (lágrimas, o gozo, o entusiasmo), y tampoco las expresiones físicas de adoración (levantando las manos, cerrando os ojos, etc.) Todo esto tiene una base bíblica. Sin embargo, hay muchas cosas hoy en día descritas como “adoración a Dios” que no tiene nada que ver con la verdad, la Palabra de Dios.

Tenemos que adorar a Dios con un ESPÍRITU RECTO y según LA VERDAD DE DIOS REVELADA EN SU PALABRA.

A continuación, dos citas de comentarios bíblicos sobre Juan 4:24. El espíritu o alma del hombre, influido por el Espíritu Santo, debe adorar a Dios y tener comunión con Él. Los afectos espirituales, como se demuestran en las oraciones, súplicas y acciones de gracia fervorosas, constituyen la adoración de un corazón recto, en el cual Dios se deleita y es glorificado.

Los que agradan a Dios le adoran en espíritu, lo cual significa que la adoración surge y se expresa por medio del espíritu humano. Esta adoración nace en el recinto más interior del alma y se rinde a Dios como un servicio espiritual (Rom. 1:9; 12:1). Ciertamente el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad y nos guía en la adoración (Rom. 8:26), pero espíritu aquí se refiere al espíritu humano. Lo exterior y lo material pueden facilitar la adoración, pero lo que importa a Dios es la condición del corazón y espíritu del adorador. Templos y lugares “sagrados”, como Jerusalén y Gerizim, juntamente con los utensilios, altares y ritos religiosos, no son esenciales para la adoración que agrada a Dios. Inclusive, todo esto puede distraer de la verdadera adoración.

Verdad en el NT se refiere a lo que es realidad en contraste con la mera apariencia o a lo opuesto a la falsedad. La verdad es un atributo esencial de Dios y Jesús pudo decir “yo soy… la verdad” (14:6). Además, en el AT el término llevaba el sentido de fidelidad, confiabilidad y seguridad. En este contexto, Jesús se refería a la revelación de Dios que se manifestó principalmente en la persona de su Hijo. Para nosotros, verdad es la revelación de la persona de Dios y de su voluntad para el hombre y ésta se encuentra en la Biblia. Para agradar a Dios en la adoración, uno debe conocerle tal cual se revela en la Biblia y debe saber cuál es su voluntad general y particular.

Atentamente, Pastor Roberto

Gotquestion.org

4 jul 2009

ÁNGEL

Traducción de un término hebreo (mal‘ak) y un término griego (ángelos) que significan «mensajero». Se aplica a seres humanos (Job 1.14; 1 R 19.2; Hag 1.13; Lc 7.24; 9.52, etc.), pero de manera muy especial a un orden de seres sobrenaturales y celestiales cuyo ministerio es actuar como mensajeros y agentes de Dios en la realización de la voluntad divina.

Los ángeles se mencionan muchas veces en ambos testamentos y Cristo mismo afirmó que hay un orden de seres angélicos en el universo (Mt 18.10; 24.31, 36; Lc 15.10).
Los ángeles fueron creados (Col 1.16) en estado de santidad (Jud 6) antes de la creación del mundo (Job 38.6, 7). Son seres espirituales (Heb 1.14) que pueden tomar forma corpórea, aunque no tienen cualidades físicas como los humanos. Su apariencia es masculina (Gn 18.2, 16; Mc 16.5, etc.). No pueden reproducirse ni tampoco morir (Mt 22.30; Lc 20.36). Existen en gran número (Heb 12.22; Ap 19.1). Poseen inteligencia (1 P 1.12), sensibilidad (Lc 15.10) y voluntad (Jud 6). Se les llama «santos» (Mt 25.31), «escogidos» (1 Ti 5.21) e «hijos de Dios» (Job 1.6), y se dice que están en el cielo» (Mt 18.10).

Las Escrituras hablan de ángeles que pecaron (Jud 6; 2 P 2.4). (• Demonios; Satanás.) Aquí se trata solamente de los que no han caído de su estado original. Pablo menciona «principados y potestades en los lugares celestiales» (Ef 3.10). Dos ángeles se mencionan por nombre: Gabriel (Lc 1.26) y Miguel (el arcángel, «uno de los principales príncipes», Dn 10.13, Jud 9). Se habla también de serafines (Is 6.1–3) y querubines (Gn 3.22–24).

Los ángeles alaban a Dios (Ap 4–5), cuyo rostro contemplan siempre en el • Cielo (Mt 18.10), y ejecutan su palabra (Sal 103.20). En cuanto a Cristo, se dice que fue «visto de los ángeles» (1 Ti 3.16). Predicen (Lc 1.26–33) y anuncian su nacimiento (Lc 2.13), le protegen en su infancia (Mt 2.13), le asisten en la tentación (Mt 4.11), están listos para defenderle (Mt 26.53), le confortan en Getsemaní (Lc 22.43), remueven la piedra del sepulcro (Mt 28.2), anuncian la resurrección (Mt 28.6) y la Segunda Venida (Hch 1.10, 11). Hay varios ministerios que los ángeles cumplen en relación con la experiencia delcreyente (Lc 15.10; 16.22; Hch 8.26; 12.7; 27.23, 24; 1 Ts 4.16; 1 Ti 5.21; Heb 1.14). Intervienen también en la vida de las naciones (Dn 10.21; 12.1; Ap 8; 9; 16) y de los individuos no salvos (Gn 19.13; Mt 13.39; Hch 12.23; Ap 14.6, 7).

El hombre ha sido hecho «poco menor que los ángeles» (Sal 8.5), pero al unirse con Cristo por medio de la fe es exaltado sobre ellos (Heb 1–2). Los ángeles le sirven (Heb 1.14), pero Él les excede en conocimiento espiritual respecto a la manifestación de la gracia de Dios en Cristo (1 P 1.10–12), y un día los juzgará (1 Co 6.3). La Biblia prohíbe que se rinda adoración a los ángeles (Col 2, 18; Ap 19.10; 22.8, 9)

Bibliografía:
Xabier Pikaza, «Los ángeles. Doctrina del Nuevo Testamento», en Revista Biblia y Fe, Vol. XIX, Escuela Bíblica «Fermín Caballero», España, septiembre-diciembre, 1993.

2 jul 2009

SOBRE LA PROSPERIDAD

PROSPERAR

tsaleaj, «triunfar, prosperar». Este vocablo se encuentra tanto en hebreo antiguo como moderno. Aparece unas 65 veces en el texto del Antiguo Testamento hebraico y por primera vez en Gn 24.21 (rva): «Para saber si Jehová había dado éxito a su viaje o no». El término expresa la idea de una empresa de «éxito» (lo contrario de fallida). La fuente de tal éxito es Dios: «Mientras buscó al Señor, Dios le prosperó» (2 Cr 26.5 lba). Pese a ello, las circunstancias de la vida a menudo suscitan la pregunta: «¿Por qué prospera el camino de los impíos?» (Jer 12.1 rva).
Tsaleaj a veces se usa de manera que significa «triunfo»: «En tu majestad cabalga y triunfa» (Sal 45.4 rva). La traducción: «en tu gloria sé prosperado» (nrv), no tiene la misma fuerza.

PROSPERAR, PROSPERIDAD, PRÓSPERO

A. VERBOS
1. euodoo, ayudar en el camino de uno (eu, bien; jodos, camino o viaje). Se utiliza en la voz pasiva con el significado de tener un viaje próspero (Ro 1.20: «tenga … un próspero viaje»; rv: «haya de tener … próspero viaje»); metafóricamente, prosperar, ser prosperado (1 Co 16.2: «según haya prosperado»; rv traduce libremente «por la bondad de Dios pudiere»; vm coincide con rvr; lit., «en todo lo que pueda ser prosperado», esto es, en cosas materiales); donde el tiempo continuo sugiere las sucesivas circunstancias de variante prosperidad, al ir pasando semana tras semana; en 3 Jn 2: «seas prosperado» y «prospera» (rv: «seas prosperado» y «está en prosperidad»), de prosperidad física y salud espiritual.¶
2. euporeo, lit., viajar bien (eu, bien; poreo, viajar), y luego prosperar. Se traduce «conforme a lo que tenían», en Hch 11.29, lit., «según alguien prosperaba». Véase TENER.¶

B. NOMBRE
euporia, véase RIQUEZA bajo ENRIQUECER, C, Nº 3, prosperidad, ganancia. Se traduce «prosperidad» en Hch 19.25 (Besson, lba; rv: «ganancia»; rvr: «riqueza»).¶

C. ADJETIVO
Nota: Para euodoo, traducido con la frase verbal «tenga … un próspero viaje», véase A, Nº 1 más arriba.

EN LA BIBLIA:

Varón próspero, Génesis 39.2.
Provisión y bendición de Dios, Deuteronomio 8.7–20.
Fortunas restauradas, Deuteronomio 30.1–3.
Impíos prósperos, Job 21.7.
No más prosperidad, Job 24.24.
Recompensa por obedecer, Job 36.11.
Mayor prosperidad, Job 42.12.
Necias evaluaciones, Salmo 30.6–7.
Valles se cubren de grano, Salmo 65.13. Prosperidad:352 Prisioneros encuentran prosperidad, Salmo 68.6.
Manos prósperas, Salmo 90.17.
Robo a pobres, Proverbios 22.16.
Idólatras prósperos, Isaías 2.7–8.
Tierra que fluye leche y miel, Jeremías 11.5.
Prosperidad de los impíos, Jeremías 12.1–3.
Prosperidad nacional, Ezequiel 16.13–14.
Árbol de prosperidad, Ezequiel 17.22–24.
Prosperidad rural, Ezequiel 36.11.
Prosperidad ligada a la conducta, Daniel 4.27.Oseas 13.15.
Frágil prosperidad, Oseas 13.15.
Prosperidad perdida y devuelta, Joel 3.1.
Ofrenda según prosperidad personal, 1 Corintios 16.2.
Prosperidad espiritual, 2 Pedro 1.2.
Salud, riqueza y vitalidad espiritual, 3 Juan 2–4.

17 jun 2009

PARÁBOLA

(en griego, comparación). Traducción en la LXX del término hebreo mashal, que comprende desde los dichos cortos, sentenciosos y enigmáticos, llamados • Proverbios o máximas (1 S 10.12; 24.13; Mc 7.14–17; Lc 4.23) hasta la • Alegoría elaborada (Jue 9.7–15; Mt 13.3–9; Jn 15.1–9), el símil (Mt 23.27; Mc 4.30–32) y el cuento corto o largo (2 S 12.1–4; 14.6; 1 R 20.39; Is 5.1–6; Mt 13.33; 21.33–41). En muchos de los dichos de Jesús es obvio que se asoma una parábola (por ejemplo, Mt 11.27). La parábola, pues, es un símil elaborado donde el relato, aunque ficticio, es verosímil, en contraste con la fábula.

SU USO

La parábola es un método llamativo de enseñanza indirecta que provoca el pensamiento; es de fácil asimilación y las aplicaciones que el oyente hace resultan inolvidables. La discusión entre Jesús y los discípulos en Mt 13.10ss revela el propósito del método. El fin de Jesús no es esconder sino revelar (Mc 4.33s), pero los misterios solo pueden percibirse cuando la mente está abierta hacia Dios (Mt 11.25s). David comprendió su falta cuando Natán le contó un mashal (2 S 12.1–13). Siempre en la parábola hay un elemento sorpresivo y novedoso que llama a la reflexión e inspira la decisión. Muchas parábolas se proponen entablar la discusión.

SU INTERPRETACIóN

Cada parábola contiene un mensaje central, que se toma de la vida cotidiana y se replantea de tal manera que nos permite entender una experiencia humana básica más allá de la comprensión intelectual. Por ejemplo, ¡cuánta alegría nos causa encontrar algo valioso que se nos ha perdido! Volver a ver a una persona amada después de una ausencia nos mueve a celebrar, en especial si esa persona estuvo durante tal ausencia en peligro de muerte o enferma. Esto es lo que pasa cuando Lucas 15.1ss nos cuenta tres parábolas en donde, en un orden que va cambiando la cantidad en cualidad, pasa de la perdida de una oveja (1 de 100), a la de una moneda (1 de 10), y al fin, a la de un hijo (1 de 2).

Esta experiencia de encontrar lo perdido cobra valor teológico en Lucas 15. Según la narración de Lucas, Dios es como un padre que celebra la vida de sus hijos, pero que sufre y se angustia cuando estos se alejan para andar quizás en malos pasos. Cuando el hijo regresa, el padre se alegra, como se alegra Dios por cada pecador que regresa a su familia.

Si vamos a ver, Lucas no tiene que explicarnos lo que se siente cuando perdemos algo que consideramos importante. Eso lo sabemos, tenemos la experiencia acumulada de años de pérdidas y encuentros. Tampoco nos tiene que explicar cuánta alegría nos da encontrar lo que perdimos, pues lo hemos vivido muchas veces. Lo que Lucas nos dice, y que probablemente no sabíamos o nunca lo hubiésemos pensado así, es que los mismos sentimientos cruzan el corazón de Dios.

No debemos caer en la trampa de alegorizar (• Alegoría) las parábolas, es decir, tratar de encontrar un mensaje oculto detrás de cada palabra del relato. Al estudiarlas, debemos buscar el punto central y comprender a partir de allí la totalidad del relato.

SU MENSAJE

Como parte integral de la proclamación de Jesús, las parábolas enfocan en general el • Reino de Dios, con cierto énfasis en el aspecto escatológico (Mc 1.15). Hay por lo menos tres aspectos en el desarrollo de este tema:

1. La inminencia del Reino provoca una crisis en la vida del pueblo de Dios: el destino eterno de los hombres va a decidirse y Jesús, conocedor de lo ineludible del inminente juicio, previene sobre el momento crucial que vive su nación (Lc 12.16–20; 12.57–59; 14.16–24; 16.1–8; 16.19–31, etc.).

2. Sin minimizar la suerte de los que rehúsan ser participantes del Reino, Jesús subraya el gozo escatológico que la venida del Reino trae para los tristes y oprimidos (por ejemplo Lc 15.1–32). Claramente explica que la misericordia de Dios en favor de los hombres no descansa en las buenas acciones de estos (Lc 17.7–10), sino en la gracia (Mt 20.1–16).

3. La inminencia del Reino demanda que los hombres se arrepientan para entrar en él (Lc 15.17ss; 18.9–14) y manifiesten fe (Mt 7.9–11), amor y obediencia (Mt 21.28–30; Lc 19.12–27). La sinceridad de estas actitudes se expresa en actos concretos (Mt 7.15–20) que muestran una devoción indivisible (Mt 6.24) y una debida disposición con el prójimo (Mt 5.38–42; 18.23–35; Lc 10.30–37).

Las parábolas de Jesús no solo muestran su extraordinaria creatividad en la enseñanza, sino que constituyen un permanente desafío a los deberes éticos y cristianos para los hombres de todos los tiempos.

Bibliografía:
J. Jeremías, Interpretación de las parábolas. Estella Navarra, Editorial Verbo Divino, España, 1971. L. Cerfaux, Mensaje de las parábolas, Madrid, Fax, 1969. J.A. Mackay, Mas yo os digo, México, Casa Unida, 1964. T.W. Manson, O ensino de Jesús, Aste, São Paulo, 1965. R.C. McQuilkin. Explícanos... Editorial Caribe, San José, 1964.

FRUTO

En términos generales, esta palabra indica todo producto que se obtiene de la tierra, pero especialmente designa a las plantas y al fruto de estas. En la Biblia se mencionan varias clases de árboles frutales como la higuera (Nm 20.5), el granado (Dt 8.8), la vid (Jn 15.1), la palmera (Cnt 7.8), el almendro (Jer 1.11), etc. Los espías que Moisés envió trajeron «el fruto de la tierra» para mostrar la fertilidad de Canaán (Nm 13.27).

Frecuentemente se usa la palabra en sentido figurado. Cristo espera que sus seguidores lleven fruto (Jn 15.2). San Pablo nos habla del fruto del Espíritu que es: amor, paz, gozo, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gl 5.22, 23; cf. 5.19–21). Otros ejemplos del uso metafórico de fruto se hallan en Pr 1.31; 11.30; Is 10.12; 57.19 (cf. Sal 132.11, RV 1909).

15 jun 2009

UNÁNIMES

1. jomothumadon, de común acuerdo, (de jomos, mismo; thumos, mente). Se emplea once veces, diez de ellas en Hechos. Se traduce «unánimes» en Hch 1.14; 2.1,6; 4.24; 5.12; 7.75 (rv; rvr: «a una»); 8.6; 19.29 (rv; rvr: «a una»); en 12.20: «de acuerdo» (rv: «concordes»); 15.25: «a un acuerdo» (rv: «en uno»); 18.12: «de común acuerdo». Fuera de Hechos, solo aparece en Ro 15.6: «unánimes» (rv: «concordes»).¶

2. jomou, aparece en Hch 2.1 en los mss. más comúnmente aceptados en lugar de Nº 1, que aparece en tr. La frase «todos unánimes juntos» es traducción de apantes jomothumadon epi to auto (tr), o en el texto alternativo, pantes jomou epi to auto (lit. «todos juntos en el mismo lugar»).

3. sumpsucos, adjetivo, lit, «de similar ánimo, (sun, con; psuque, alma), y se emplea en Flp 2.2, traducido «unánimes».¶

Notas: (1) Para isopsucos: «tan unánime» (Flp 2.20, rv; rvr: «del mismo ánimo»),

(2) psuque, se emplea en la frase eni pneumati en Flp 1.27, traducida «unánimes» en la rv, rvr; lit. «un solo espíritu»; cf. F. Lacueva, Nuevo Testamento Interlineal, loc. cit.

(3) El verbo sunathieo, para lo cual se traduce «combatiendo unánimes» en Flp 1.27 (rv: «combatiendo juntamente»)

11 jun 2009

ESPÍRITU SANTO

Nombre que la doctrina cristiana asigna a la tercera persona de la Trinidad. La expresión Espíritu Santo es propia del Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento solo aparece en tres ocasiones: Is 63.10, 11; Sal 51.11. La traducción griega del Antiguo Testamento, conocida como la Septuaginta, la usó para traducir las referencias al «Espíritu de Jehová», evitando así el uso del nombre de Dios (del mismo modo en que el Evangelio de Mateo usó la expresión «reino de los cielos» en lugar de «reino de Dios»). Dado que los autores del Nuevo Testamento usaron la Septuaginta para citar el Antiguo Testamento, la expresión Espíritu Santo se transformó en la denominación neotestamentaria estándar para referirse al Espíritu de Dios. Es poco frecuente que el Antiguo Testamento hable del Espíritu de Dios en forma personificada; más bien se refiere a algo que Dios otorga a los hombres, o el poder y la fuerza con que Dios actúa. En cambio, en el Nuevo Testamento se observa un claro proceso de personificación, como por ejemplo en Jn 16.7ss.

EL ESPíRITU COMO VIDA Y NUEVA VIDA

Las palabras hebrea (ruakh) y griega (pneuma) que se emplean para hablar del espíritu significan literalmente «viento» o «aire en movimiento». Sin embargo, en la opinión de los especialistas su sentido original es aliento, o sea, el aire puesto en movimiento por la respiración. Una adecuada traducción sería entonces «hálito de vida». En Génesis 2.7, el ser hecho de barro se transforma en un ser viviente cuando el creador insufla sobre su nariz el «aliento de vida». Es cierto que en este caso la palabra usada no es ruakh, sino neshamah, pero debemos entender ambos términos como equivalentes. Entre las muchas referencias bíblicas que confirman esta significación, el Salmo 104.29b dice: «Les quitas el hálito [esta vez ruakh], dejan de ser, y vuelven al polvo» (cf. Job 27.3; 33.4; 34.14ss). Pero tal vez sea la visión del valle de los huesos secos, narrada por el profeta Ezequiel (37.1–14), la que más gráficamente ilustra esta significación primordial del Espíritu: es una fuerza vital, es la energía de la vida. El espíritu que anima a todos los seres vivientes procede del Espíritu (aliento) de Dios.

Por consiguiente, la acción primordial del Espíritu Santo tiene que ver con la animación y el sostenimiento de la vida, no solo humana, sino de toda la creación. Pero en la medida que las citas bíblicas refieren el Espíritu de Dios mayormente como otorgado a los hombres, la humanidad aparece como el lugar privilegiado de la acción vivificante del Espíritu. El Evangelio de Juan, al describir el don del Espíritu que tras la resurrección marca el inicio de la nueva era, es decir, el nacimiento de la nueva humanidad (20.22ss), recurre a un evidente paralelismo con Gn 2.7. Así como al comienzo el soplo (aliento, Espíritu) del Creador transformó el ser de barro en un ser viviente, ahora el Jesús resucitado sopla sobre sus discípulos el Espíritu Santo, transformándolos en nuevas criaturas, nacidas del Espíritu (cf. Jn 3). El paralelismo entre Gn 2.7 y Jn 20.22ss cierra este primer eje de significación: el Espíritu Santo es la fuerza de la vida verdadera, la vida en plenitud.

ESPíRITU SANTO Y NUEVO PACTO

De lo anterior se desprende un segundo eje de significación: el Espíritu Santo es el que inaugura el nuevo pacto. En el Antiguo Testamento, la especial relación que Dios establece con el pueblo que sacó «de casa de servidumbre» (Éx 20.1), se expresa mediante un pacto o alianza (Éx 19.5). El guardar (cumplir, obedecer) las cláusulas o mandamientos que se derivan del • Pacto (cláusulas que para los profetas se resumen en las demandas de justicia, verdad, solidaridad, paz y reconocimiento de Dios: Os 2.18ss; 4.1–3; Is 16.5; Miq 6.8; Zac 7.9, etc) es la forma en que el pueblo responde a la gracia de Dios, y es como se asegura la vigencia misma del pacto. Sin embargo, como lo revela la difícil tarea de los profetas, el pueblo de Israel nunca fue capaz de mantener su fidelidad. Al parecer, la existencia de leyes puramente exteriores no bastaba para asegurar la vigencia del pacto. Ante la precariedad del antiguo pacto, profetas como Ezequiel y Jeremías anunciaron que Dios establecería un «nuevo pacto», cuya ley estaría «escrita en el corazón» (Jer 31.33) del pueblo.
Ezequiel, quien propiamente puede llamarse «profeta del Espíritu» (3.24), anuncia el papel que al Espíritu de Dios correspondería en el nuevo pacto (36.26–28). Con el nuevo pacto nacería también una nueva humanidad, un hombre con un corazón nuevo (de carne y no de piedra), que tendría la Ley escrita en su corazón y actuaría conforme a su conciencia, un hombre responsable (Ez 18; 33.10–20). Esta nueva humanidad es obra del Espíritu (cf. Jl 2.28).

Para Lucas (Lucas-Hechos), el derramamiento del Espíritu ocurrido con ocasión del día de Pentecostés (Hch 2) marca el comienzo de la era del Espíritu anunciada por los profetas. La Fiesta de las Semanas o • Pentecostés (Lv 23.16) se fue convirtiendo en tradición judía en la fiesta conmemorativa de la legislación de Sinaí, el antiguo pacto. Al cumplirse la promesa del derramamiento del Espíritu (Hch 1.5) con ocasión de esa fiesta, se inaugura el nuevo pacto. Este derramamiento del Espíritu fue posible solo después de la glorificación de Jesús (Hch 2.33). Jesús, transformado por su muerte y resurrección en Señor del Espíritu, lo dona a su pueblo para transformarlo en el pueblo del nuevo pacto. Antes, el propio Jesús debió iniciarse en la era del Espíritu, el cual interviene en su concepción (Lc 1.35, 41s), en su bautismo (Lc 3.22) y en el desarrollo de su conciencia mesiánica (Lc 4.1ss).

ESPíRITU SANTO Y NUEVA COMUNIDAD

El inicio de la era del Espíritu marca también el nacimiento de la • Iglesia. El libro de los Hechos de los Apóstoles es en realidad el testimonio del nacimiento de la comunidad que llamamos Iglesia, a partir del don del Espíritu (Hch 2.42–47; 4.32–35; 5.12–16). No se trata fundamentalmente de la fundación de una institución, sino del nacimiento de una comunidad que, animada y dotada por el Espíritu Santo (cf. 1 Co 12, dones del Espíritu), comienza a vivir y proclamar el nuevo tiempo. Que el inicio de la era del Espíritu sea también el inicio de la era de la Iglesia no significa, sin embargo, que la Iglesia sea propietaria del Espíritu. No es que la Iglesia tenga o posea el Espíritu. Es el Espíritu el que tiene a la Iglesia como un instrumento para la renovación de la humanidad y de toda la creación.

ESPíRITU SANTO Y MISIóN

Que el Espíritu Santo sea la fuerza que convoca y anima a la Iglesia nos lleva a un cuarto eje de significación: el de la vocación o el llamado a la misión. En efecto, en el Antiguo Testamento la donación del Espíritu de Dios aparece con frecuencia asociada a vocaciones (llamados), sean estas noticias políticas, sacerdotales o proféticas. Así ocurre, por ejemplo, cuando ungen a David como rey (1 S 16.13); con la vocación sacerdotal y profética de Ezequiel (2.1ss; 3.24); con el siervo sufriente (Is 42.1–2; cf. Mt 12.18–21); con el anuncio del Mesías (Is 61.1–3; cf. Lc 4.16–18). En todos los casos, es el Espíritu el que proveerá la fuerza y la autoridad para cumplir con la misión. En este sentido, ocurre algo similar con la promesa que recibe Moisés en Horeb, aun cuando en esa ocasión no se mencione el Espíritu: «Yo estaré contigo» (Éx 3.12).

El Espíritu es la presencia activa de Dios en la vida y acción del enviado. En el Nuevo Testamento el envío misionero de los discípulos tras la resurrección de Jesús se formula de acuerdo al modelo de las vocaciones del Antiguo Testamento (Jn 20.19–23; Mc 16.14–18; Mt 28.16–20; Lc 24.36–49; Hch 1.6–9). De acuerdo a este modelo, el Espíritu Santo es el poder para la misión: «Pero recibiréis poder ... y me seréis testigos ... hasta lo último de la tierra» (Hch 1–8).

RESUMEN

Aunque en la Biblia no encontramos una personificación del Espíritu Santo con la misma claridad que en los casos de Dios Padre y de su hijo Jesús, el Cristo, sí encontramos con toda claridad desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento lo que podemos llamar la misión del Espíritu Santo. En el Antiguo Testamento, la acción del Espíritu aparece ligada fundamentalmente a la animación y sostenimiento de la vida (humana y de toda la creación), y como la fuerza que anima a los enviados de Dios. En el Nuevo Testamento comienza un proceso de personificación del Espíritu Santo, sobre todo a partir de las promesas de Jesús (Jn 14.15ss; Hch 1.6ss) y de la fórmula bautismal de Mt 28.19. Entroncando con los anuncios de Ezequiel y Joel, la promesa de Jesús anuncia la inauguración de la era del Espíritu, cuya misión fundamental será el don de una nueva vida para todos (Jn 3.1–15), la edificación de la comunidad del nuevo pacto (la Iglesia), y el lanzamiento de la Gran Comisión «hasta lo último de la tierra». De este modo, la Biblia fundamenta nuestra fe trinitaria.

8 jun 2009

TRANSFIGURACIÓN DE JESUS

(del griego, metamórfosis que significa cambio de forma). A diferencia de las metamorfosis paganas (aparición de dioses en figura terrena, o bien, transformación de hombres en seres divinos por tomar forma celestial), Jesucristo se transfiguró ante tres de sus discípulos, solo seis días después del primer anuncio de su pasión (Mc 9.2–9//). La tradición ha fijado en el • Tabor la ubicación del monte (cf. 2 P 1.16ss) en cuya cima se realizó la transfiguración.

La clave de la interpretación se halla en la voz divina. Esta no se dirige a Jesús (cf. la voz del bautismo, Mc 1.11), sino a Pedro, Jacobo y Juan. Contra el trasfondo de Sal 2.7, la voz les presenta a Jesús como el Hijo amado de Dios (• Hijo de Dios), como el • Mesías, y al hacerlo confirmaba la reciente confesión de Pedro (Mc 8.29; cf. 9.1). Luego, con las palabras «a Él oíd», la voz divina alude al • Profeta escatológico al que, se-gún la promesa de Dt 18.15, el pueblo prestará atención y obediencia. En otras palabras, el hecho de emprender Jesús el camino de la pasión (cf. Mc 8.31s), en vez del camino dictado por la expectativa popular, (Mc 8.32s) no impide que Él sea el Mesías, el • Hijo del Hombre glorioso (Dn 7.13; para el «secreto mesiánico» implicado en Mc 9.9, • Marcos, Evangelio de).

La aparición de Moisés y Elías puede simbolizar el respaldo de la Ley y los profetas al mesiazgo de Jesús (cf. Lc 9.31 «hablaban de su partida [literalmente, éxodo], que iba Jesús a cumplir en Jerusalén»), pero más probablemente es como precursores del Mesías que figuran aquí brevemente. Son removidos, y Jesús queda solo, cuando Pedro urge una prolongación del goce celestial que sugiere la igualdad entre Moisés, Elías y Jesús. La blancura y brillo, que son propios de los seres del cielo, afectan a Jesús en su persona y en sus vestidos (cf. Dn 7.9; 10.5; Hch 1.10; Ap 3.4s, etc.); Lc 9.32 lo identifica como «la • Gloria de Jesús».

Bibliografía:
DTB, col. 1033–1036. VTB, pp. 805s. VB, pp. 329s. EBDM VI, col. 1082–1088. León-Dufour, Estudios de Evangelio, Estela, Barcelona, 1969, pp. 79–117.