30 oct. 2020

El secreto del liderazgo

Lectura: Mateo 23:1-12

Muchos de los grandes líderes de la humanidad fueron tiranos en su forma de relacionarse con las personas que estaban a su servicio; por ejemplo: Mao Zedong, líder de la Revolución Comunista en China. Fue el ideólogo detrás del Gran Salto Adelante (1958-1962), un plan económico basado en la industrialización acelerada y la colectivización agrícola que derivó en una hambruna que acabó con la vida de hasta 45 millones de personas, y en total se estima que 78 millones de personas murieron durante su mandato.

Otro de esos líderes tiranos fue Josef Stalin, quien sirvió como secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética entre 1922 y 1952. Al asumir el poder, sofocó gradualmente a todos los disidentes políticos de su gobierno, incluyendo a León Trotski, su principal opositor.  Al líder ruso en total se le atribuyen aproximadamente 23 millones de muertes.

Pero, para ser un líder no se necesita inculcar miedo, ni ser un tirano en el trato hacia nuestros semejantes, ni burlarse de otros para ganar admiración.  Jesús nos dejó el mejor ejemplo de cómo llegar a ser un líder entre nuestros semejantes, Él mostró que para ser un líder es necesario ser siervo de los demás; su podio no fue una gran sinagoga, o el templo de Jerusalén, prefirió dar su mejor mensaje sobre una cruz romana, ofreciendo hasta el último aliento de su vida, pagando la pena que había por nuestros pecados, mostrándonos el camino a seguir: el servicio (Filipenses 2:5-11).

  1. Los líderes no son útiles hasta que incluyen el servicio en su liderazgo.
  2. El Señor nos mostró que el secreto del liderazgo es el servicio.

HG/MD

“Entonces se sentó, llamó a los doce y les dijo: Si alguno quiere ser el primero deberá ser el último de todos y el siervo de todos.” (Marcos 9:35).

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29 oct. 2020

Descansa seguro

Lectura: 1 Samuel 12:19-25

En la lectura devocional nos encontramos con la historia de cuando los israelitas se reunieron en Gilgal, con ocasión de la coronación de Saúl como su “primer” rey (1 Samuel 11:15).   Por supuesto, el Señor no estaba complacido de que Su pueblo hubiera pedido un “rey”; pero aun así el profeta Samuel dijo lo siguiente: “Pues el Señor no desamparará a su pueblo, por causa de su gran nombre; porque él ha querido hacerlos pueblo suyo” (1 Samuel 12:22).

Si hemos puesto nuestra confianza en Jesús como nuestro Señor y Salvador, también somos: “pueblo suyo”.  Si hemos confiado en Jesús como Salvador, nosotros también somos un “pueblo adquirido” (1 Pedro 2:9).  Al pensar en este principio, podemos estar seguros de que el Señor no nos desamparará, aunque es consciente de que le fallaremos.  Dios sabe cómo somos: pecadores, débiles y frágiles. Y de hecho ya lo sabía antes de llamarnos y atraernos hacia Él.  La seguridad de nuestra salvación no depende de nosotros, sino del carácter de Dios (1 Juan 5:20). Él nos guardará hasta el fin.

Por supuesto, esto no es excusa para seguir pecando. Pablo lo expuso de la siguiente forma: “¡De ninguna manera! Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos todavía en él?” (Romanos 6:2).  Lo que debemos comprender es que las malas decisiones que tomamos, sin lugar a dudas afectan la reputación de Dios, nuestro testimonio en el mundo y nuestra comunión con Él, lo cual no es bueno.

El pecado siempre tendrá consecuencias en este mundo, aunque Dios nunca rechazará a quienes hemos depositado nuestra fe y esperanza en Jesús, ya que somos Su pueblo.  Podemos estar seguros de que la promesa de Dios es verdadera: “Nunca te abandonaré ni jamás te desampararé” (Hebreos 13:5).

  1. Podemos descansar seguros; a quienes Dios salva, también los guardará, todo esto debido a que Él es el Dios verdadero.
  2. Si aún no has depositado tu fe en Él, hoy puede ser un buen día para que formes parte de Su pueblo, no esperes más.

HG/MD

“Sean sus costumbres sin amor al dinero, contentos con lo que tienen ahora porque él mismo ha dicho: Nunca te abandonaré ni jamás te desampararé” (Hebreos 13:5).

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28 oct. 2020

Promesas seguras

Lectura: Hebreos 10:19-25

El agente de seguros visitó al ingeniero que estaba a cargo de la construcción de una Torre de Apartamentos en medio de la ciudad; el ingeniero aceptó comprar una póliza de vida de $100.000 dólares que se duplicarían a $200.000 dólares, en caso de muerte accidental.  El agente le dijo al ingeniero que no se preocupara, que estaría cubierto a partir de la firma de la póliza y que en el momento que regresara a su oficina le enviaría los otros documentos de formalización.

Esa misma tarde, los vientos soplaban con toda su fuerza, y desgraciadamente esto hizo que el ingeniero sufriera un accidente mortal. 

En medio de todo este penoso incidente, se le brindó una luz de esperanza a la familia de este hombre; la compañía de seguros cumplió con lo pactado y únicamente retuvo lo correspondiente al primer pago de la póliza.  En lugar de buscar una manera legal para no cumplir con lo pactado, la empresa aseguradora honró su compromiso con su cliente, y por supuesto, con su familia, en medio de ese momento de dolor.

Todos los que hemos depositado nuestra confianza en Jesús como Señor y Salvador de nuestras vidas, podemos estar seguros de que Dios cumplirá Su Palabra, tal como lo indica Hebreos 10:23: “…porque fiel es el que lo ha prometido”, el autor de Hebreos motivó a sus lectores a que se acercaran confiadamente a Dios, sabiendo que nuestros pecados han sido perdonados (Hebreos 10:22), y que ahora formamos parte de Su familia (Romanos 8:17).  Es por esto que debemos estar motivados y exhortar a otros, sabiendo que Él cumplirá Sus promesas y que un día regresará por nosotros (Hebreos 10:24-25).

  1. Nuestra esperanza está basada en promesas seguras de Dios, tenemos la certeza de que, así como una vez caminó entre nosotros, volverá un día para llevarnos (1 Tesalonicenses 4:13-18).
  2. Confiar en Dios no es una apuesta, es algo seguro.

HG/MD

“Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:17).

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Muchas personas podían leer y escribir en el reino de Judá

Arqueología e Historia

La alfabetización en el antiguo Reino de Judá (Judea) estaba extendida y «no era dominio exclusivo de escribas reales», reveló un estudio israelí publicado en la revista PLOS ONE que identificó la escritura de una docena de autores en inscritos de cerámica de hace unos 2.600 años.

Expertos de la Universidad de Tel Aviv en disciplinas tan variadas como arqueología, algoritmos matemáticos, tecnologías modernas y una especialista en caligrafía forense analizaron dieciocho textos en hebreo antiguo, y concluyeron que la escritura en aquella época estaba más extendida de lo pensado.

La investigación parte de inscritos en tinta en fragmentos de cerámica hallados en la década de los sesenta en el yacimiento de Tel Arad, un antiguo puesto militar alrededor del sur de Judá en torno al 600 a.C., poco antes de que este reino desapareciera por la conquista de los babilonios.

El uso de tecnología avanzada de procesamiento de imágenes también ayudó a revelar que las inscripciones fueron escritas por al menos una docena de personas distintas.

Este hallazgo “contradice la creencia popular y sugiere que una parte importante de la población de Judá podía leer y escribir”, aseguran los investigadores.

El profesor de arqueología Israel Finkelstein considera que si en un lugar remoto como era Tel Arad -con unos veinte o treinta soldados -hubo “un mínimo de doce autores de dieciocho inscripciones” en poco tiempo, esto podría indicar que el nivel de alfabetización entre los alrededores de 120.000 habitantes de Judá era alto.

“No estaba reservado a un dominio exclusivo de los escribas reales”, valora Finkelstein.

“Estudié las características de la escritura para analizar”, comparar y profundizar en “los detalles microscópicos” de las distintas inscripciones. Estas recogen “órdenes relativas al movimiento de soldados y el suministro de vino, aceite y harina”, explica Yana Berger, experta en escritura forense y exagente del departamento de documentación falsa de la Policía israelí.

Las escrituras también incluyen correspondencia con los enclaves fortificados vecinos y órdenes que llegaban a Tel Arad desde altos rangos del sistema militar de la era, agrega la especialista, que a través del análisis forense de las inscripciones determinó que una docena de autores dejaron sus trazas de caligrafía en ellas.

Los investigadores remarcan que el estudio aporta detalles de la antigua sociedad de Judá, de la que aún se desconoce mucho.

Los hallazgos ayudaron a construir “un organigrama completo de la correspondencia” en torno al puesto de Tel Arad, y “quién escribía a quién”, lo que “refleja la cadena de mando dentro del Ejército judío”, destaca el doctor en matemáticas Arie Shaus, que integró el equipo de científicos que creó algoritmos para ayudar a comparar las inscripciones.

Fuente: https://ift.tt/3mppXrk  EFE

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27 oct. 2020

Un mundo muy exigente

Lectura: Marcos 1:32-39

Vivimos en un mundo muy exigente, sientes que en tu trabajo te solicitan plazos de entrega imposibles, tus profesores esperan que memorices todas las fórmulas matemáticas que aprendiste en el curso para tu examen final, o los maestros les asignan a tus hijos tareas y actividades educacionales y deportivas para hacer en casa, las cuales terminan por llenar tu agenda.  Es por ello que cada vez es más frecuente que las personas digan: sino tuviera tantas responsabilidades, podría tener más tiempo para Dios.

No obstante, C. S. Lewis (1898-1963) señaló muy acertadamente que nadie ha estado más ocupado que Jesús, quien pasó: “del taller, a los caminos, de ahí las multitudes con sus demandas, sin olvidar la fuerte oposición de sus enemigos, la falta de privacidad y las constantes interrupciones”.  

En Marcos se nos narra brevemente un día típico de nuestro Señor en su estadía en Capernaum: “Al atardecer, cuando se puso el sol, le traían todos los enfermos y los endemoniados. Toda la ciudad estaba reunida a la puerta. Y él sanó a muchos que padecían de diversas enfermedades y echó fuera muchos demonios. Y no permitía a los demonios hablar, porque lo conocían” (Marcos 1:32-34).

Al día siguiente (Marcos 1:35), el Señor buscó un lugar solitario para orar. Allí recibió dirección de Su Padre para continuar con un ministerio exigente en otro lugar. Nuestro Señor estaba en comunión con Su Padre y dependía del Espíritu Santo para que obrara a través de Él.

Nota como inició el día Jesús, como era su costumbre separó un tiempo para hablar con su Padre para recibir dirección; el mundo no será menos exigente mañana, pero si puedes tomar la decisión de empezar tu día de manera diferente, piensa en nuestro amado Señor, quien no escatimó el ser Dios como excusa, con tal de brindar Su vida por nosotros.

  1. ¿Tienes tu agenda llena?  Sigue el ejemplo de Jesús y separa un tiempo especial para hablar con Dios.
  2. Pídele ayuda para enfrentar las exigencias del día a día, sin olvidar lo que es verdaderamente importante, tu relación con Él.

HG/MD

“Habiéndose levantado muy de madrugada, todavía de noche, Jesús salió y se fue a un lugar desierto y allí oraba” (Marcos 1:35).

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