Rusia sigue conmocionada con el encierro al que se han sometido 29 acólitos de 'La Verdadera Iglesia Ortodoxa Rusa' en una cueva de la ciudad de Penza, 625 kilómetros al Sureste de Moscú, a la espera de que llegue el fin del mundo, que esta secta prevé que llegará en mayo.
Mientras a la entrada de la cueva la policía trata de convencer a los adeptos, entre los que hay cuatro niños, para que depongan su actitud, el líder de esta facción religiosa, el padre Pyotr Kuznetsov, está siendo sometido a análisis psiquiátricos en un centro especializado.
'La Verdadera Iglesia Ortodoxa Rusa' cree que el fin de los días llegará en mayo de 2008 y, a la espera de que acontezca el Apocalípsis, 29 adeptos de este movimiento religioso entraron en una cueva excavada por ellos en uno de los acantilados de la ciudad de Penza. Entre los atrincherados hay cuatro niños, uno de ellos de 18 meses de edad, y las autoridades temen que las bajas temperaturas, por debajo de los 12 grados en el interior de la cueva, afecten gravemente a su salud.
A la entrada de la cueva se agolpan oficiales de la Militsiya, miembros de la comunidad cristiana ortodoxa y agentes del Ministerio para Situaciones de Emergencia tratando de convencer a los acólitos de la secta de que se entreguen a las autoridades o, por lo menos, dejen salir a los niños del interior. Sin embargo, los adeptos se niegan a acceder a las peticiones de la Policía y demás miembros de la comunidad de Penza, según informaciones de ITAR-TASS recogidas por Otr/Press, y amenazan con suicidarse si la Militsiya trata de entrar por la fuerza.
Mientras, el líder de 'La Verdadera Iglesia Ortodoxa Rusa', el padre Pyotr Kuznetsov, de 43 años, está "bajo la supervisión de los investigadores", según explicó el fiscal de Penza, Olig Troshin. La Justicia rusa acusa a Kuznetsov de formar una organización "cuya actividad está asociada con la violencia contra ciudadanos y la instigación a que los ciudadanos no cumplan con sus deberes civiles". Además, el líder de la secta está siendo examinado por varios psiquiatras para determinar si se trata de un perturbado.
"Tiene obviamente algún tipo de enfermedad mental", aseguró Mitropolitan Kirill, un alto cargo de la Iglesia Ortodoxa rusa que cree que "un fenómeno muy peligroso en la vida religiosa de Rusia" ya que, a su juicio, "lo que está pasando en Penza ahora mismo es el ejemplo más real de lo que le puede pasar a un país, a una sociedad, si esa sociedad se ve privada de una educación religiosa adecuada".
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