Los jueces dieron por probado que el sujeto, líder de una secta, infligió severos traumas emocionales a muchos familiares de los niños fallecidos.
A cambio de 1.300 euros (2.040 dólares) Grabovoi prometía a padres desesperados el retorno a la vida de algunos de los cerca de 200 niños muertos durante el ataque perpetrado por terroristas islámicos en septiembre de 2004 contra la escuela de la ciudad de Beslan, en el Cáucaso Norte.
Las imágenes de la tragedia en la que la escuela fue recuperada por unidades especiales rusas conmocionaron a la opinión pública mundial.
Grabovoi se aprovechó de la generalizada creencia en la magia que se expandió por Rusia, realizando concentraciones masivas de hasta 500 personas, a las que instaba a creer que era capaz de producir milagros.
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