Videojuegos que permiten elegir quién ganó la Guerra Civil, que invitan a asesinar a un gobierno en pleno o hacen apología del acoso escolar. La historia reciente del videojuego está plagada de ejemplos donde se despiertan los demonios de antiguas contiendas o se hace alarde de la violencia más gratuita. Todo en un soporte accesible para niños y grandes que a veces se adquiere sin saber lo que contiene.«Death Race» fue en 1976 el primero en generar polémica. Reproducía una carrera en la que el conductor ganaba puntos por atropellar personajes. «En el año 2000, atropellar y huir ya no será un crimen. ¡Será el deporte nacional!», decía el eslogan. Luego llegó «Custer´s Revenge», en el que el jugador tenía que cruzar de un lado a otro de la pantalla, esquivando una lluvia de flechas, para violar a una indígena atada a un poste. «Mortal Kombat», otro de los grandes conocidos, forma parte de los títulos más sanguinarios de la historia. O «Thrill Hill», un videojuego tan violento que nunca llegó a ver la luz del día. La empresa canceló su lanzamiento en 1998 al ver la versión terminada «por su exagerado e incoherente nivel de violencia».
A la nueva obra de Luc Bernard la polémica también le ha llegado antes de llegar a los escaparates por rozar un tema tan sensible como el Holocausto. Quizá porque un videojuego sin retos ni provocaciones no tendría éxito, aunque los juegos homologados llevan iconos descriptores de contenidos que permite conocer la clasificación en función de la edad, el nivel de violencia o la presencia de sexo.
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