29 nov 2010

Amar a nuestras esposas como Cristo amó a la Iglesia. Efesios 5:25


Siempre he le predicado a los jóvenes que su “testimonio inicia en el hogar”, obedeciendo a sus padres, ayudando en sus hogares, pues he visto muchos jóvenes “super espirituales y super teólogos” que, están dispuesto entregar su vida por Cristo, pero no están dispuestos a botar la basura cuando sus madres se los piden.

Como predicador de este mensaje me ha tocado practicarlo, el cual me costo mucho, pues como en la mayoría de las familias Latinoamérica los oficios de la casa son de “mujeres” y el que te vean con una escoba tu hombría podría estar en peligro.

En mi hogar no tengo problemas para barrer, trapear el piso, fregar, limpiar los baños, tender la ropa, pero les confieso que por todos los medios trataba de evitar la cocina. No me agrada la cocina, la estufa me cae mal (me encanta el producto final ella), pero estar cerca de ella...-¡nunca! No me llevo con el calor, el fuego, el aceite. Mis intentos culinarios terminaban en quemaduras de primer grado y dedos cortados.

Una noche mi amada esposa se fue a dormir temprano y yo me quede trabajando hasta tarde en casa. No había cenado y ya me había dado hambre, así que decidí ir a la cocina donde encontré mi comida lista para calentar, el microondas se había estropeado en la mudanza y mi única alternativa era la estufa. Les confieso que se me cruzo por la mente ir a despertar a mi esposa para que me calentara la comida, pero luego de dar cinco vueltas a la casa decidí calentar la comida en la estufa. Si, la calenté y me la comí, y sufrí dos quemaduras.

A la mañana siguientes escuche que mi esposa me llamo con un grito a la cocina: ¡Luis! ¡Luis! ¿Ese sartén que hace en la estufa? ¿Calentaste la comida? Nunca voy a olvidar su expresión de felicidad y el brillo de sus ojos. Me dice: WOW!! Nunca imagine que pudieras hacerlo!! En ese momento me vino a la mente que en efecto, en todos los años que conozco a mi esposa nunca me vio haciendo nada en la estufa. Mi esposa fue muy feliz esa mañana.

Ahí comprendí que amar a nuestras esposas como Cristo amo a iglesia es mucho mas que decirles que la amamos, o que comprarles rosas de vez en cuando. Amar a nuestras esposas como Cristo amo a la iglesia es entregarnos totalmente a ellas en todos los aspectos por amor, así como Cristo lo hizo. 

A lo que me lleva a otro punto de meditación: ¿Le Servimos a Dios en las cosas que solamente nos agradan? ¿Tenemos a nuestra disposición hacer cosas que no van en contra a lo que nos han enseñado o criado?, ¿podemos hacer cosas que no nos agradan o la que denigran nuestro estatus de "ministro" o clase social para la congregación de los santos? Interesante pregunta.

Servir a Cristo debe ser totalmente, dispuesto a todo, y nuestra comodidad no puede estar sobre El.

El reino de los cielos jamás estuvo tan cerca esa mañana en mi hogar cuando mi esposa supo que toque la estufa, y si eso la llena de gozo y felicidad, por amor lo seguiré haciendo, aunque no me agrade, se que algún día superare eso. El amor de Cristo no se dice, se demuestra.

El nos amo y lo dio todo. Se que el se llenaría de gozo si hiciéramos lo mismo.

Bendiciones.

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