14 jul. 2017

Una vida que habla sin palabras

Lectura: 1 Pedro 3:1-6

Todos los que hemos creído en Jesús como Salvador y Señor de nuestras vidas, tenemos un llamado a ser testigos en medio del mundo en que vivimos, llámese este trabajo, casa, estudio, iglesia, etc. (Así que, somos embajadores en nombre de Cristo; y como Dios los exhorta por medio nuestro, les rogamos en nombre de Cristo: ¡Reconcíliense con Dios!” – 2 Corintios 5:20).

Por supuesto no siempre es sencillo; en ocasiones nos tratan de una forma ruda o grosera, y es en esos momentos cuando se pone a prueba verdaderamente nuestro testimonio, por medio de las acciones o conductas tomadas cuando nos ocurren este tipo de cosas.

Encontramos un ejemplo en la lectura que hicimos al inicio de este devocional, donde se nos muestra a una mujer creyente casada con un incrédulo.  El apóstol Pedro aconseja sabiamente lo siguiente: (los maridos) sean ganados sin una palabra por medio de la conducta de sus mujeres. (1 Ped.3:1).  El principio que podemos aprender de este pasaje, es que la forma en la cual nos comportamos diariamente como creyentes, puede llegar a ser la más poderosa herramienta de ejemplo, testimonio de amor y gracia de Dios, para las personas que aún no conocen a Jesús, como su Salvador y Señor.

Cuando sufrimos por seguir a Cristo, podemos caer en la tentación de sentir lástima por nosotros mismos y por nuestros hermanos en la fe.  No obstante, debemos continuamente recordarnos el uno al otro, que nuestro rol o propósito en la vida es ser ejemplo diario del amor de Dios, y que debido a ello somos los mensajeros de las extraordinarias buenas nuevas del evangelio de Jesús, tanto en palabra como en hecho.

Si en realidad hemos hecho la decisión de seguir al Señor la verdad es que no fuimos llamados a tener una vida sin problemas, es un hecho que esta forma de vida puede tener consecuencias no muy agradables en este mundo; más tenemos un consuelo, el Señor nos dijo: “…Nunca te abandonaré ni jamás te desampararé” (Hebreos 13:5).  Así que por difíciles que sean las circunstancias, debemos perseverar por amor a Aquel que nos salvó y por amor a los demás.

  1. El desafío continuo del creyente, es ser perseverante en el transcurso de la vida que escogió vivir, siendo ejemplo de lo que puede hacer el amor de Dios en la vida de una persona.

 

  1. Cuando nuestra vida honra a Cristo, la mayoría de las veces no hacen falta las palabras.

HG/MD

“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo; y como Dios los exhorta por medio nuestro, les rogamos en nombre de Cristo: ¡Reconcíliense con Dios!” – 2 Corintios 5:20).



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