22 abr. 2017

Advertencia y consecuencia

Lectura: Isaías 53:1-10

Al inicio de la historia humana, se le dio al primer hombre una advertencia y con ella una consecuencia: “pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, ciertamente morirás”
(Gén.2:17), ya sabemos lo que pasó, la primera pareja desobedeció y debido a ello, toda persona nacida desde ese entonces ha pecado (porque todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios – Rom.3:23).  Hasta este momento todas eran malas noticias para el ser humano.

Más Dios decidió intervenir y mostrar misericordia, ofreciéndonos un medio de rescate; sin embargo, debido a su naturaleza santa, no podía pasar por alto y a la ligera el pecado cometido y sencillamente decir: “Les perdono, simplemente olvidemos los deslices y errores que han tenido, después de todo tan sólo son humanos”.  El castigo por el pecado debía pagarse y la culpa debía eliminarse.

Cuando comprendemos esta cruda realidad, empezamos a entender verdaderamente, el valor y precio del sacrificio que el Señor realizó por nosotros, tomó nuestro pecado, pagó por nuestra culpa, tal como lo profetizó el profeta Isaías en el capítulo 53;  y su resurrección es la prueba de que el sacrificio que realizó, fue aceptado por su Padre Celestial satisfaciendo de esta forma la justicia divina.

Su muerte no fue accidental, no se produjo como consecuencia de una casualidad o por decisiones equivocadas, Jesús dio su vida para que nosotros pudiéramos vivir, era algo que tenía que ocurrir y era parte de su plan perfecto;  fue tan sólo por gracia y su sacrificio sigue siendo igual de efectivo hoy, su oferta de perdón sigue vigente, tal como lo dice Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda más tenga vida eterna.”

  1. ¿Quieres tener vida eterna? Reconoce tu condición pecadora y acepta la solución que Cristo te ofrece.

 

  1. La justicia y misericordia de Dios, coincidieron en la cruz.

HG/MD

“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas; cada cual se apartó por su camino. Pero el Señor cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6).



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