Una de sus criaturas al alcanzado en apenas ocho años el olimpo del sector, ya que se trata probablemente del videojuego con mayor éxito de la historia: «Los Sims», que acaba de superar los cien millones de copias vendidas. Su creador, Will Wright, no se duerme sin embargo en los laureles, se prepara para lanzar simultáneamente en Europa y los Estados Unidos su última creación, «Spore», en el que el jugador adopta el papel de un «dios» que crea todo un universo, si no a su imagen y semejanza, sí según su propio albedrío y su imaginación le den a entender.Después de haber suscitado el regocijo de toda una generación de videojugadores con «Los Sims», juego virtual en el que pueden diseñar su propia vida, educar a sus hijos, ir al trabajo o a la discoteca a voluntad, Wright propone ahora -el nuevo videojuego saldrá a la venta en septiembre- crear la vida a voluntad con «Spore».
Al comienzo de la partida, el jugador se halla en el origen de su universo, a bordo de un organismo unicelular que flota en el vacío. A través de las elecciones sucesivas que el juego le propone irá creando su propio y personal universo. Primero se le da a elegir el ADN de su avatar; acto seguido puede dotarle de pies, de alas, de garras... y cada una de estas elecciones condicionará la partida hasta el final. Los personajes están dorados de una inteligencia artificial que determina, en función de los atributos físicos del personaje, su carácter y su comportamiento.
«Como construir un lego»
«Mis ingenieros han desarrollado la dura tarea de adivinar cómo algo va a moverse y a reaccionar antes incluso de haber visto a qué se parecerá ese algo», afirmó Will Wright a Afp durante la presentación de su videojuego. «Después -aseguró-, todo se desarrolla como en la construcción de un Lego».
Durante estos primeros pasos del videojuego, los jugadores-creadores van trasmitiendo los genes elegidos a su progenie. Una vez alcanzado un número suficiente de individuos, el juego pasa a su socialización: se van construyendo grupos, luego tribus, después ciudades, países, civilizaciones... dotados de sus gobiernos, sus economías... como la vida misma. Por medio de sencillas herramientas virtuales, se pueden edificar inmuebles, construir naves espaciales, desarrollar armas de destrucción masiva... y bombardear a otras civilizaciones, incluso otros planetas. Demasiado parecido a la realidad, tal vez. Wright considera que, finalmente, «se trata más de experimentación social que de otra cosa... la ciencia, la economía, la sociología, es muy estimulante y divertido simular este tipo de cosas en un entorno de realidad virtual»
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